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lunes, 14 de enero de 2013

Lecciones

    "Lección 1: No somos tontos". Es el título del primer capítulo de las "Lecciones de poesía para niños inquietos" de García Montero. Un libro totalmente recomendable para críos y no tan críos. Lo de dejar de lado la tontería es algo que se supone trata de dejar claro a los niños con ese título, pero que habría también que aclarar al resto de la gente. 
   En realidad, nos da por pensar que somos increíblemente listos, al menos en comparación a quienes nos rodean. Y sutiles. ¡Ay, la sutileza! Creemos que nadie se va a dar cuenta de lo que hagamos, que somos capaces de escondernos y de manipular sin atenernos a ningún tipo de consecuencias. No hay acción, no hay reacción... Por lo tanto, vamos a variar el título de nuestra lección personal. No pensamos ser cortos de miras, no, nuestro ego nos impide no valorarnos. Lo que tenemos que comprender es que (en general) el resto tampoco tienen un pelo de tontos. A pesar de las apariencias, comprobado queda: siempre hay alguien por encima. En ocasiones la inteligencia queda oculta por la locura, y el hacerse pasar por ignorantes puede ser la opción más recomendable. El disfraz de loco es tan interesante...
     Ahora bien, la inteligencia radica, entonces,  en saber usar o no la información y en no infravalorar el entorno. Recordando, por supuesto, que la sutileza no es el fuerte de nadie, si no el factor sorpresa: en cuanto presumes de él, irremediablemente lo has perdido.

domingo, 21 de octubre de 2012

Cuando hace falta más carbón

     Comparación corta y sencilla y con todo el respeto a los niños del mundo, no pretendo comparar su maldad infantil con la de la clase política, nada más lejos de mi intención, pero la situación viene a ser la misma.
       Si un niño se porta mal, sabe que los reyes magos no le traen las cosas que pide en la carta de navidad. Ahora bien, si se porta mal y en vez de carbón traen los juguetes nuevos sin tener en cuenta el comportamiento, el chavalín seguirá feliz en su mundo de rebeldía y travesuras. De poco vale que los padres se quejen de los disgustos que les da el nene si a la hora de la verdad le dan los caprichos. 
         Esto lo entiende todo el mundo, ¿no?
     Cambiemos niños por partidos políticos, dia de reyes por jornada electoral y padres por los votantes. No me quejo concretamente del resultado electoral por mucho que me disguste. Me quejo de que los votantes (y no votantes, ojo al dato, que es una parte importante en este caso) se pasan cuatro años manifestando su descontento con la situación, las manifestaciones están llenas de gente que reclaman sus derechos y en los periódicos hay cartas al director y artículos de opinión por doquier. Y llegado el "día de reyes", que es el único día de los cuatro años en el que se puede buscar el cambio, las cosas no varían. ¿Resulta que durante cuatro años la gente se ha quejado por inercia, por que sí o cual es la explicación?
    Decidme, si con los reyes magos la cosa es tan clara, ¿Por que me cuesta tanto entender lo que ha pasado hoy?

viernes, 19 de octubre de 2012

Victoria del conformismo

     Ésta semana me han echado en cara que soy una romántica. 
     No ñoña, no. Romántica en el sentido de poco realista. Mi problema es que creo en la parte buena de la gente, confío demasiado en que se haga lo correcto y tengo la buena teoría de que el mundo puede cambiar y, por lo tanto, existe la posibilidad de mejorar.
     Que me tachan de ilusa, vamos.
   Deprime pensar que, actualmente, las cosas que son coherentes, a la sociedad le parezcan irrealizables.